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Recuerdo del hombre que cedió el patio de las antiguas escuelas

14 Oct 2019
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La calle volverá a abrirse cuando se inauguren los nuevos edificios La calle volverá a abrirse cuando se inauguren los nuevos edificios

Sin duda es una de esas calles de las que nadie se sabe el nombre, de las que desaparecen en los callejeros al uso por no tener ya nadie que reclame su valor. Ya no tiene números, porque ningún portal se abre a su paso, y su historia podría haber pasado inadvertida a pesar de estar en pleno centro de Los Corrales de Buelna. Pero las buenas acciones tienen recompensa, y el hombre que puso nombre al patio del colegio público de Los Corrales durante buena parte del siglo pasado no caerá en el olvido, Leopoldo Gutiérrez de Mata.

Hoy ya no existe ese patio, ni siquiera las escuelas que le aportaron tantas generaciones de jóvenes estudiantes de toda la comarca jugando, haciendo gimnasia o investigando (peligrosamente) en los sotanos de los viejos edificios. Hace mucho tiempo que nadie le utiliza tampoco como vía de tránsito entre las calles Campoo y Forjas de Buelna, pero su memoria, erre con erre, sigue viva.

Una propuesta debatida en sesión plenaria esta legislatura, planteada por el concejal de Vox, José Joaquín Bengochea, ha vuelto a poner esa calle en el punto de mira. La calle que se abría tras el viejo edificio que albergó las escuelas públicas durante cerca de 80 años, una cesión de un vecino cuyo nombre daba y da aún denominación a esa calle, Leopoldo Gutiérrez de Mata. Con la construcción de los nuevos edificios públicos esa calle toma otro significado y Bengochea no quiere que se pierda el nombre del hombre que cedió ese terreno. Así se lo ha propuesto al resto de la Corporación y ahora espera que el nuevo equipo de gobierno dé trámite a su petición.

El antiguo edificio de las escuelas públicas de Los Corrales de Buelna (primero colegio de Primaria José María Pereda y luego instituto Javier Orbe Cano) fue obra del arquitecto santanderino Deogracias Mariano de La Lastra López, y fue proyectado en el año 1932. Dos años más tarde se abría a los estudiantes una construcción que ocupó todo el solar que se había destinado a ese fin, con lo que no había un lugar concreto para que los alumnos disfrutaran de los recreos o practicaran gimnasia.

Propietario de terrenos anexos a ese centro educativo Leopoldo Gutiérrez fue consciente de esa carencia y decidió donar parte de sus fincas para esos fines. El Ayuntamiento, en agradecimiento, le puso su nombre a una calle que tenía, al menos, una vivienda por aquel entonces, ocupada por Soria, el zapatero, un personaje notable en la localidad por aquellos tiempos.

El crecimiento urbanístico del centro de Los Corrales de Buelna hizo desaparecer las fincas, casas e incluso el cine de los alrededores del viejo colegio, convertidos todos en grandes edificios de varias alturas. Pero el patio en el que jugaron muchas generaciones siguió estando ahí, abierto entre la calle Campoo y la Avenida Forjas de Buelna, plagado al final de cascotes y cristales de las decrépitas escuelas.

La reciente construcción de dos nuevos edificios en ese solar cerró transitoriamente ese paso, aunque la intención es seguir manteniéndolo abierto, incluyendo ahora el acceso al parking subterráneo de los dos edificios públicos. «Es de justicia que se mantenga el nombre de esa calle y se recuerde a quien hizo posible que generaciones de estudiantes tuvieran ese espacio», ha dicho Bengochea, que ha añadido a su propuesta la posibilidad de dar su nombre al callejón que se abre entre los nuevos edificios, perpendicular a la anexa plaza de la Constitución, y colocar una placa simbólica que recuerde aquella donación y su benefactor.